Los fracasos de numerosas obras en calles y avenidas de Mérida

Editorial 23/07/2026 234 lecturas
Los fracasos de numerosas obras en calles y avenidas de Mérida

Varios gobiernos, tanto municipales como estatales, han hecho obras en calles y avenidas de Mérida que han sido, a la postre, un gran fracaso.


Esas obras, obviamente, no fueron hechas a título gratuito, sino que les han costado mucho a los meridanos y meridanas, que fueron defraudadas y defraudados. Creo que eso constituye un delito, así que debieron meter a la cárcel a los autores y autoras. Digo, eso creo; no soy abogado.


Por ejemplo, Xavier Abreu Sierra, cuando fue alcalde de Mérida, emprendió obras supuestamente de mejoramiento para la ciudad, que comprendieron, entre ellas, el levantamiento total del pavimento alrededor del Olimpo, templo sagrado de los dioses, sobre todo cuando funcionaba una cantina en ese lugar; ahí iban a mitigar los regidores y otros funcionarios, tanto municipales como de su vecino, el Palacio de Gobierno.


Las obras hechas por el buen Xavier presentaron después algunos defectos, como baches, pero la culpa la tuvieron los peatones que caminan por esas calles y la Plaza Grande, antes bella y arbolada. También se culpó a los vehículos que circulan en el corazón de Mérida. Caray, ¡qué irresponsabilidad de peatones y de guiadores de vehículos! Seguro hasta los ciclistas que acostumbraban encadenar sus bicis a las puertas de los cafés Olimpo y del Nicte-Há, ahí donde iban los grillos que componían todo lo malo de Mérida y de Yucatán.


Pero pasó el tiempo y, para fortuna de los meridanos y meridanas, llegaron para salvar a Yucatán y a Mérida las amigas priistas Ivonne Ortega Pacheco, como gobernadora, y Angélica Araujo Lara, como presidenta municipal de Mérida, que emprendieron millonarias obras para “rescatar” a Mérida y, otra vez, va de nuevo el destrozo del pavimento del Centro Histórico. Abarcó hasta el Parque de la Madre; se rompió todo y desaparecieron muchas cosas del Parque de la Madre y del parque Hidalgo, que fue durante muchos años lugar de “machaque” de cientos de estudiantes universitarios, que ahora son abogados, doctores. ¿Ya tendrá alguno de esos médicos una “calaverita” en la frente o alguna lágrima en la mejilla por alguna negligencia cometida en el ejercicio de su profesión?


Pues las obras hechas por Ivonne Ortega y Angélica Araujo, que decían iban a ser mejores que las plazas de París y del Vaticano —en serio, eso decían—, sobre todo el que hizo todas, las jefaturó y supervisó, el famoso ingeniero Francisco Torres Rivas, quien era nada menos que secretario estatal de Obras del gobierno de Ivonne. Ostentosas obras de un gobierno que se distinguió por el despilfarro.


Panchito, quien tuvo varios cargos dentro del priismo, presidente estatal del PRI incluso, cuando empezaron a relucir los errores técnicos y otros de las millonarias obras realizadas, culpó de eso a los “irresponsables” guiadores y hasta a los ciudadanos de a pie por desgastar las aceras. Y del horrible escándalo que hoy pasa en la calle 65 entre 62 y 60, hay que recordar que Panchito Torres, Ivonne Ortega y Angélica Araujo (y su socio Espadas, seguramente), remozaron todoooo el Centro Histórico y no le dejaron mucho parecido a la Plaza de San Pedro, que se diga.


Y Mauricio Vila Dosal también le metió a eso de embellecer la Plaza Grande y como que le mocharon mucho a los árboles y a las bancas donde nos sentábamos casi a diario mi amada esposa y compañera de vida, Elizabeth Chan España (quien ahora descansa en el Cielo por el llamado de Dios). De verdad que era un disfrute sentarse en las bancas de la Plaza Grande mientras degustábamos una rica paleta de coco o un sorbete de mamey o de guanábana. Ahora hay mucho calor y se sufre; Vila nos dejó sin árboles y sin las elegantes bancas artísticas.


Y también hay tres obras que meridanos y meridanas recordamos, muchos lanzando mentadas a los autores y autoras, de diferentes partidos: el tristemente célebre Paso Deprimido (muchos dicen el Paseo de la Represión), obra indigna que afeó nuestro hermoso Paseo de Montejo, obra de Angélica Araujo; el mercado San Benito, horrenda obra de la alcaldesa campechana Ana Rosa Payán Cervera; y el mercado La Pepita, de Angélica.


Ahora que se está hablando y rumorando, hasta “tiros” hay; eso de tiros me recuerda viejos tiempos de la Escuela Modelo, cuando se armaba el jaleo a la salida del plantel. Ahora que se habla de mejoras, vienen a mi mente esas obras que se hicieron en Mérida. Recuerdo lo que le decía don Porfirio Díaz a su compadre, un alcalde de pueblo, cuando le pidió un aumento al presupuesto y se lo negó: “Compadre —decía don Porfirio—, haz mejoras y mejoras, haz mejoras y mejoras”. Todo dicho con la mejor intención.


David J. Barrera Canto.

(A la memoria de mi digna esposa Elizabeth Chan España, Q. E. P. D.).

Mérida, Yucatán, 23 de julio de 2026.

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